Llega diciembre y, con él, la pregunta que muchas personas se hacen cada año: cómo manejar las emociones en Navidad. Entre luces, comidas familiares y expectativas que parecen imposibles, nuestro sistema nervioso se activa antes de que podamos pensar con claridad. No es solo nostalgia o alegría: muchas veces es memoria emocional que el cuerpo guarda desde años atrás.

La Navidad no es solo regalos y cenas bonitas; es un contexto relacional intenso. Cada reunión familiar puede traer a la superficie viejas dinámicas, roles que creíamos olvidados y emociones que pensábamos controladas.

En esta época no es raro sentir:

  • Cansancio antes de que la celebración siquiera comience.

  • Irritabilidad sin razón aparente.

  • Ganas de hacerlo todo perfecto o, al contrario, de desaparecer.

  • O una mezcla curiosa de todas estas sensaciones.

cómo manejar las emociones en navidad

Los roles navideños que vuelven a casa

La Navidad tiene un talento especial para devolvernos a versiones antiguas de nosotras mismas:

  • La que cuida de todos.

  • La que no molesta.

  • La que explota.

  • La que se desconecta.

  • La que intenta que todo vaya bien aunque por dentro esté en modo supervivencia.

No es debilidad ni retroceso emocional. Es que los vínculos importantes activan memorias profundas, y la Navidad tiene un talento especial para recordárnoslo.

Si quieres aprender cómo manejar las emociones en Navidad, primero hay que aceptar que los roles volverán, y que eso no es un fracaso personal. Es normal y humano.

Autoexigencia con purpurina

Si además le sumamos la autoexigencia (esa que va bien vestida y sonríe en las fotos), el cóctel está completo.

De repente parece que hay que:

  • Estar bien.

  • Estar agradecida.

  • Estar presente.

  • Estar disponible.

  • Y, si es posible, estar feliz.

Todo a la vez. Y sin que se note el esfuerzo.

Pero el cuerpo no entiende de “espíritu navideño”.
El cuerpo entiende de seguridad o amenaza.

Y muchas veces, en estas fechas, lo que hay es mucho estímulo y poca regulación.

controlar la ansiedad en navidad

¿Cómo manejar todas esas emociones?

Quizá esta Navidad no va de sanar

Lo principal es bajar tus expectativas. Dejar de querer que esta vez, como has trabajado en ti, si consigas que no te afecten ciertos comentarios de tu tía del pueblo o no ponerte triste por los que faltan.

Aquí viene una propuesta poco glamurosa pero muy realista:

Quizá esta Navidad no va de sanar nada.

Quizá va de darte cuenta. De notar qué se activa. De observar qué te pesa. De respetar tus ritmos un poco más.

A veces, el acto más terapéutico no es tener una conversación pendiente, ni poner límites impecables, ni hacer todo “como toca”.

A veces es:

  • Irte antes

  • No dar explicaciones largas

  • Respirar en el baño

  • Bajar expectativas

  • O simplemente admitir: esto me cuesta

Y eso ya es muchísimo.

Un deseo navideño (realista)

No te deseo unas Navidades perfectas. Ni conscientes. Ni sanadas.

Te deseo unas Navidades suficientemente amables contigo.

Donde, aunque haya momentos incómodos, no te abandones. Donde, aunque aparezcan viejas sensaciones, no te juzgues. Donde recuerdes que lo que sientes tiene sentido, incluso cuando no encaja en el discurso oficial de “feliz Navidad”.

Porque al final, de eso va también el trabajo con una misma: de dejar de forzarnos a estar bien y empezar a acompañarnos mejor.

Incluso en diciembre. Incluso con turrón de por medio.

 

limites y autocuidado

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